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Apariencias que engañan

El libro Apariencias que engañan es una recopilación de trece relatos de terror y ciencia ficción. Entre sus casi trescientas páginas, encontrarás textos espeluznantes, terroríficos, fantasiosos, sorprendentes y en ocasiones incluso enfermizos, que te harán ser testigo de las situaciones límite que sufren unos personajes con los que quizás puedas sentirte identificado.

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Aquí tienes una pequeña muestra de cada uno de los relatos:

Tenemos poco tiempo

… Pablo, absorto en sus pensamientos, decidió aumentar un poco la presión del acelerador de su viejo BMW y cambiar una vez más la preciosa vista por velocidad. No podía pensar en nada más que en lo que acababa de suceder. Su cara estaba descompuesta. …

No es justo lo que te estoy pidiendo

… En el exterior la lluvia había cesado. El cielo encapotado de un color gris oscuro comenzó poco a poco a abrirse en pequeños e insignificantes claros, y las nubes que lo formaban se fraccionaban en apelotonados grupos sin una forma concreta, como si se tratara de una tonelada de bolas de algodón apelmazadas. …

Adiós campeón

… Eren Galaguer no aguantó la presión y terminó masticando, en un arrebato inconsciente y sin pensarlo demasiado, la famosa pastilla marrón que cada uno portaba encima para emergencias, y aunque era el primero no sería el único en hacerlo. Su experiencia distó mucho de la del resto del equipo que decidió seguir sus pasos suicidas. A los pocos segundos de tragarla se pudo observar en su rostro un arrepentimiento absoluto. …

Las orejas de Mickey Mouse

… Ha sido una suerte encontrar un bolígrafo y unas hojas de papel limpias en medio de tanto desastre y destrucción. Estoy casi convencido de que nadie leerá jamás las líneas que acabo de escribir. La lógica es contradictoria frente al motivo de por qué lo he hecho, pero supongo que al menos mientras lo hacía mi mente se mantenía ocupada al tiempo que esos hijos de puta buscaban a los que quedábamos vivos. …

El castigo

… El agente de policía Alex Mikhail Gorshkow, nacido en España aunque de descendencia estonia, acababa de recobrar la consciencia. Un profundo mareo y un fuerte dolor en el centro de su nuca y espalda le dieron la bienvenida. …

Sala de espera

… El plasma colgado de la pared como si de un cuadro se tratara no emitía más que niebla, con un molesto e incesante pitido como banda sonora. Casi imperceptible en un primer momento con el tiempo terminaba por ser un sonido insufrible. O bien algún paciente había manipulado el aparato o la conexión del TDT se había desvanecido a causa de la fuerte tormenta que fuera azotaba el viejo edificio. …

La decisión

… — ¿Quién falta aún por llegar Arturo?
Rebeca esperaba una respuesta mientras saboreaba un trozo de la pequeña porción de pizza que mantenía entre sus delicadas manos. Se giró hacia sus amigos con gesto serio y tenso.
— Si no vienen empezaremos sin ellos — contestó tajante, casi en un murmullo.
La habitación, en la que se encontraban las tres parejas, …

Compañera de trincheras

… De nuevo la alarma sonando y como consecuencia el estómago en un puño.
Debido a las espesas y grises nubes, que amenazaban lluvia, era imposible verlos, pero con toda seguridad allí estaban. El zumbido de sus motores se podía escuchar a lo lejos. No tardarían en llegar a nuestra posición. Sus proyectiles tenían fama de ser precisos. …

Las manos de Dios

… Ahí está.
La suave incisión deja al descubierto la epidermis.
Amadeus Mozart flota en el ambiente tranquilizando los nervios que se esconden en los recovecos del alma, ayudando a la concentración a hacer bien su trabajo. El estéreo suena con un volumen adecuado, idóneo para disfrutar de su música sin llegar a cansar mientras se trabaja. …

Toda una vida volando

… Al sentarse agradeció tener asignado un asiento que diese al pasillo.
Aquello era tan estrecho que sus rodillas tocaban con el respaldo de delante, pero al menos tendría la opción de girar el cuerpo y estirar las piernas cuando quisiera, siempre y cuando no pasara ninguna azafata repartiendo refrescos o cacahuetes. …

Un viaje tormentoso

… La noche era oscura, sin Luna, y la lluvia no podía caer con más fuerza.
De vez en cuando un rayo surcaba el cielo, iluminando por completo el paisaje y dejando entrever parte de la tormenta que sin piedad azotaba la zona.
La angosta carretera entre las montañas tenía trozos casi anegados y serpenteaba con dureza a un lado y otro, como si del cuerpo de una serpiente se tratase, descendiendo de nivel a cada paso hasta la siguiente cima. …

Despertar

… Ella lo observaba con atención desde el rincón en el que se encontraba.
— Estás muy callada cariño — comentó su padre.
Por su expresión parecía no entender del todo a qué se refería. Al fin y al cabo él también estaba en silencio.
— Tú tampoco es que estés muy hablador hoy papá. …

Una familia unida

… Robert estaba justo en el centro del salón. La habitación había dejado de dar vueltas pero aún sentía un poco de aturdimiento.
Parpadeó con fuerza, tratando de centrarse. Una, dos y hasta tres veces. La lámpara de lectura, apoyada sobre la mesita que había junto al sofá era lo único que emitía luz a la acogedora estancia, dotando de un leve y apacible color amarillento a las paredes. …

 

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